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February 02 Después del ocaso…Hola a tod@s, mis querid@s tabernari@s: Hace ya algún tiempo que le venía dando vueltas a la cabeza sobre la posibilidad de “cambiar de aires” y ha llegado el momento. Mi paso por este blog y vuestra compañía han sido muy importantes para mi pero necesito seguir adelante y en este lugar me siento un poco limitado, no por los contenidos sobre los que os escribo sino a la hora de trabajar en el blog aun con los magníficos cambios que el equipo de Windows ha hecho, aunque me hayan roto las neuronas los primeros días, supongo que al igual que a vosotr@s. Me resulta un poco complicado hacer algunas cosas que si he descubierto en otra plataforma de la que mas adelante os hablaré. Lo que si que quiero que os quede claro es que esto no es un adiós ya que os seguiré visitando cada vez que pueda ya que, si bien mi nueva taberna espero que esté mejor acondicionada, no tendrá el calor humano que en esta se desprende, al menos yo lo siento. Eso de poder agregar gente, ver sobre la marcha lo que hacen en sus blogs y poder contactar con ellos directamente es muy importante, al menos para mi. Tomo el nuevo reto con ilusión y ganas de hacerlo lo mejor posible para que con el tiempo llegue a ser digna sucesora de esta taberna y pueda atenderos a tod@s como os merecéis. No me gustan las despedidas, aunque esta no lo sea estrictamente, así que sólo me queda invitaros a mi nueva casa y, como no, ya sabéis que tod@s y cada un@ de vosotr@s tendréis siempre vuestra mesa dispuesta esperándoos. Solo me resta daros mi nueva dirección por si consideráis oportuno visitarme. Me encontrareis a vuestra disposición en: (Ya se que no soy muy original con el título pero, como os he dicho, pretende ser una continuación y no un punto y aparte) Besos y abrazos para que nunca os falten. «El metrosexual adopta una pose femenina para dominar a las mujeres»Miguel Lorente alerta sobre un nuevo machismo, más suave, que trata de imponer razones y que desprecia los argumentos femeninos Algunos hombres han cambiado de estrategia para dominar
a la mujer. Ya no usan amenazas ni actúan con
violencia, porque saben
que los tiempos han cambiado y que si utilizan esas tretas se pueden
encontrar con denuncias y separaciones. Los nuevos hombres
«posmachistas» han espabilado. Admiten la igualdad entre sexos aunque
no todas sus consecuencias. Por ejemplo, cuando surge un conflicto,
imponen sus argumentos y desprecian los de las mujeres. Es una forma de
dominación menos ruidosa pero que, como el viejo machismo, atenta
contra la igualdad.Esta es la idea principal de 'Los nuevos hombres nuevos'
(editorial Destino), el último libro de Miguel Lorente, médico forense,
profesor universitario y desde abril de 2008 delegado del Gobierno para
la Violencia de Género, dependiente del Ministerio de Igualdad de
Bibiana Aído.
-Así que el nuevo poder masculino se ejerce sin gritos, con amabilidad.
-Es un intento de adaptarse a las circunstancias para
mantener la posición. El hombre posmachista se camufla y acepta una
parte de las reivindicaciones feministas para evitar el conflicto
abierto y la crítica frontal. Ya no dicen: 'Esto lo haces porque yo lo
digo'. Esa posición agresiva no sería eficaz en los tiempos actuales y
en ciertos círculos. Lo que ahora intentan imponer son sus argumentos
dándoles un barniz de naturalidad y de normalidad, y despreciando los
de las mujeres, porque se sienten superiores moralmente.
-Pero usted dice que todavía los hombres
presionan a las mujeres echándoles la culpa de todo lo ocurre en el
hogar, y eso no es un argumento.
-No, no lo es, más bien pertenece al machismo
tradicional, al del hombre que le dice a su mujer que no vale para
nada, ni siquiera para llevar la casa, mientras ella se esfuerza porque
ha interiorizado que el hogar es una parte muy importante de su
identidad.
El cuidado de la casa
-Aun sabiendo que para esa clase de maridos ellas nunca harán las cosas bien.
-El problema es que las mujeres no toman conciencia de
eso. Si la tuvieran, sabrían que esforzarse no les va a servir para
nada. Pero los valores culturales les hacen culpables y responsables.
Además, cuando una mujer trabaja, el machista le achaca que no cuida
bien de los hijos o que cocina mal.
-Volviendo al hombre posmachista. ¿No cree que
es mejor que sea más comunicativo y emocional, y que se responsabilice
de las tareas de casa?
-Sí, es un progreso que demuestra, contra las ideas
machistas más recalcitrantes, que cuando el hombre se corresponsabiliza
del hogar no sólo no pasa nada catastrófico ni se le humilla, sino que
por lo general se siente más realizado.
-Usted menciona que el hombre que asume ese
papel tiene menos posibilidades de promoción laboral porque le dedica
menos tiempo al trabajo.
-Bueno, eso es cierto en muchos casos, aunque el hombre
que se involucra suele recibir una afectividad que no llega al que no
se hace cargo de nada relacionado con la casa y con la familia. Hay
hombres para los que toda su identidad está basada en el reconocimiento
profesional. Eso les mete en la dinámica que todos conocemos: la de
intentar subir a costa de otras facetas de la vida, y la de impedir que
otros lo hagan. Lo peor es cuando te empeñas en esto y no llegas a
puestos de máxima responsabilidad, porque obviamente hay pocos y muchos
se quedan por el camino.
-¿Qué ocurre cuando la mujer gana más que el hombre?
-Hay hombres que lo llevan mal porque se sienten
inferiores, y hay hombres que lo llevan bien porque se benefician de su
sueldo. Estas son las dos caras del machista. Existe una tercera, la de
aquel que acepta la igualdad, y ve normal que una profesional gane en
función de su puesto, sin necesidad de que ese punto sea el centro de
la vida de la pareja.
-¿Y ellas se sienten mejor ganando más?
-Me imagino que se sentirán más seguras, a menos que se
encuentre con una persona controladora que mine su autoestima. Yo no
conozco a una magistrada casada, con una persona en el paro, que tiene
una enorme dependencia emocional de su marido.
-¿Qué opina de los metrosexuales? ¿No suponen un acercamiento de la hombre a la sensibilidad de la mujer?
-No podemos quedarnos en la superficie. Que nos
preocupemos de nuestra apariencia no garantiza que reconozcamos la
igualdad. El metrosexual puede adoptar una pose femenina, suavizar
maneras y ganarse la aceptación de las mujeres con el propósito de
dominarlas.
El hombre feminista
-¿Puede haber de verdad un hombre feminista? ¿No iría en contra de sus intereses?
-Depende lo que uno entienda por intereses. Porque sí es
verdad que se pierden unos privilegios pero a mí no me interesan esos
privilegios. Hay hombres a los que les interesa la igualdad porque
conlleva un beneficio para todos, ya que puede conducirnos a una
sociedad más equitativa, a unas familias y a unas parejas más armónicas.
-Según algunos hombres separados, sus ex mujeres enseñan a sus hijos a odiar a su padre.
-La situación objetiva suele ser que el niño no quiere
ver al padre, y éste piensa que su hijo le rechaza porque su madre le
manipula. Sencillamente, en un número muy significativo de casos, esto
es falso; al menos, eso es lo que nos dicen los estudios. Sin embargo,
esa actitud negativa de los hijos 'demuestra' que la mujer es
mentirosa, manipuladora e interesada. Puro machismo.
-¿Qué opina de Jesús Neira y de otro hombre que salieron en defensa de mujeres agredidas?
-Son actos muy importantes. Demuestran que, aun estando en una cultura machista, el hombre es libre para rechazarla.
-La gente denuncia poco. Hay vecinos que conocen las agresiones y miran para otro lado.
-Si fueran otros delitos, seguro que los denunciarían,
lo que demuestra que aún lo siguen viendo como un problema privado en
el que no deben entrometerse.
-¿Y los que acusan a los inmigrantes de ser los protagonistas de la violencia de género?
-Antes era el alcohólico o el celoso, ahora es el
inmigrante. Puro reduccionismo, aunque eso no quita para reconocer que
hay un porcentaje significativo de violencia de género dentro de ese
colectivo. ¿Por qué? Porque cuando los inmigrantes llegan aquí, las
mujeres se integran con mayor rapidez que los hombres, están más
acostumbradas a relacionarse y a establecer lazos sólidos con otras
personas, y eso cuestiona la autoridad y la superioridad masculinas.
Hay otros factores.
-¿Cuáles?
-El ámbito social de los inmigrantes es más reducido,
van a los mismos bares, viven en los mismos barrios, y el agresor vive
su inferioridad más intensamente, como una afrenta. Luego está el
factor demográfico. La edad más violenta en españoles y en extranjeros
es de los 21 a los 49 años, y, en porcentaje, hay más inmigrantes
hombres en esa edad que españoles.
-Los agresores son ahora muy jóvenes. ¿Es un fenómeno nuevo?
-La cultura machista sigue ahí y muchos jóvenes la
aceptan e interiorizan. Pero además vivimos en una sociedad
individualista y materialista, que exige soluciones rápidas, casi
inmediatas, a los problemas, y la violencia es un recurso para llegar a
ellas cuando surge el conflicto. Fuente |
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